En mi vida personal estoy lidiando con varias cosas, alguna de ellas larga, desagradable y agotadora.

Ayer me escribió, con motivo de algún post que puse en mi muro privado de Facebook, una persona que conocí hace años en unos talleres de crecimiento personal.

Me vino a decir, en resumen, que todo lo que me pasa es por culpa de mis creencias internas, que las revise.

Su intención era ayudar.

Este mensaje que traía para mí incluye TODO. Este es el resumen de este tipo de discursos: si te tratan mal otras personas es «tu culpa», si no tienes «abundancia económica» es porque no lo decides así, que lo que te pasa no importa, sino que lo que importa es qué haces con lo que te pasa.

Pues sí y no. Porque hay cosas que están en tu mano y otras que no. Y la vida va de saber diferenciar unas de otras y poner la energía en lo que podemos cambiar y aceptar lo que no.

Te diré que me dio bastante igual el comentario, porque es una persona que no tiene relevancia en mi vida. Pero estas cosas me dan para reflexiones interesantes.

Sinceramente, este tipo de simplificación de la realidad y ese afán por responsabilizarnos del 100% de lo que nos pasa, me parece enfermizo.

En serio, que no todo está bajo nuestro control ni es nuestra responsabilidad. De hecho, tenemos bastante poco que decir en la mayor parte de las cosas que nos pasan.

Lo que no implica que no podamos responsabilizarnos de actos y decisiones (y de sus consecuencias).

Y quien me conoce de verdad sabe perfectamente los ovarios que tengo para tomar decisiones difíciles y enfocar y encauzar mi vida hacia donde yo quiero.

Este tipo de actitud de la que te hablo no es la de una vida consciente. Pero es lo que venden las personas que predican con este pensamiento mágico todopoderoso.

No lo es. Una vida consciente es una vida humana, con atención a la realidad, a las dificultades, a las alegrías, pero también a las tristezas, a las subidas y a las bajadas. Con atención a nuestras circunstancias, a qué se nos mueve por dentro con los retos de la vida, con las relaciones con los demás… Con sus cosas agradables, con las desagradables.

Y sobre todo, siempre desde la propia vulnerabilidad. Nadie es invulnerable.

Mi lectura de todo esto es que son personas con una gran falta de contacto consigo mismas y con la realidad, con una represión emocional interesante (porque las personas de este tipo nunca reconocen tener emociones desagradables porque están super iluminadas (ironía, las personas iluminadas son personas muy conscientes de la forma en que lo describo en este artículo)) y que necesitan creer que tienen el control sobre su vida, porque no soportan el miedo que les produce la realidad de que mucho de lo que nos pasa se escapa de nuestras manos.

Esto se ha visto mucho con la pandemia y todas las personas que después de un año y pico siguen sin creérsela, porque no pueden ver que haya una realidad en la que tengan tan poco que hacer. O las personas que dicen que si te contagias es porque tienes miedo al virus, cosas así.

La gestión de la incertidumbre en la vida es todo un reto, no podemos negarlo. Pero de ahí a querer eliminar la incertidumbre de la vida y convencerse de que podemos tener todo bajo control gracias al pensamiento mágico…

Y desde ese miedo a enfrentar la realidad, a veces muy retadora y con dificultades intensas, prefieren pensar que es responsabilidad de uno. Y así tienen la idea mágica de si trabajan en sus creencias podrán dominar lo que les pasa. Nada más lejos de la realidad, ¿no crees?

De hecho esta frase me la dijo una persona hace un par de años. Que si entrenas mucho puedes conseguir que te pasen solo cosas bonitas. O sea, nadie que quieres va a morir nunca jamás (si hay algo seguro es que todos vamos a morir, no?), ni vas a enfermar, ni vas a tener problemas económicos, ni discusiones, ni problemas de ningún tipo.

Consciencia no es igual a vida SIEMPRE bonita, serena, tranquila y mágica. No, consciencia es atención a los entresijos de nuestras vivencias, decisiones, relaciones…

Reconocer la propia vulnerabilidad no es de débiles, sino de fuertes y valientes.

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